Solución salomónica al SPAM: pagar para enviar

Desde hace ya muchos años el fenómeno SPAM campa a sus anchas. Los correos de empresas y particulares se ven inundados de correos basura. Ya sean correos ofreciendo contactos, artículos eróticos, tratamientos “estéticos” en las partes más remotas del cuerpo, correos comerciales, correos víricos, o simplemente correos electrónicos sin otro propósito que el de hacer ruido. Y en estos últimos incluyo los correos de “amiguetes” que reenvían masivamente correos del tipo “Reenvía esto o al cabo de pocos días…”, o “Se busca persona desaparecida…”. Por cierto, sea dicho de paso, muchos de estos últimos son falsos. Su único propósito es que sea reenviado por doquier y, en muchos casos, con fines publicitarios o mediáticos.

Personalmente he sido muy estricto en este tema, anulando mi suscripción a boletines que nunca he solicitado. Y justamente es sobre este tema que quiero centrar mi post.

Existe muy poca, muchísima poca consciencia sobre protección de datos y la privacidad de los mismos. Confundimos el hecho de que nuestro correo aparezca, de forma pública, en una web, con el hecho de que con ello damos el visto bueno a recibir cualquier porquería que a otro se le ocurra enviarnos. Tenemos la mala costumbre de recolectar correos electrónicos y utilizarlos para enviar correos promocionales, comerciales o publicitarios sin criterio alguno. Nos basta con añadir, al final del correo, un bonito texto que hace referencia alguna ley de protección de datos, y listo. Los menos añaden un enlace para darse de baja del boletín. Enlace que a veces no funciona, a veces sí. La cuestión es: ¿por qué tengo que darme de baja de algo que no me he dado de alta? Da igual, lo enviamos, y si lo no quiere ya se quejará.

Señores, la cosa no funciona así. En Internet hay de todo (cierto), pero si uno quiere hacer las cosas bien hechas, tiene donde informarse de cómo hacerlas. Personalmente, tengo en mis favoritos algunos enlaces de alguna página o blog con contenido jurídico sobre protección de datos, que tengo la amabilidad de reenviar a todo aquel que me envíe boletines sin mi consentimiento previo. Aún así, aún anulando mi suscripción a todo boletín recibido, no consigo dejar de recibir correo basura. Incluso me he dado de alta en la Lista Robinson. Y aún con ello, sigo recibiendo basura.

¿Para cuándo una Ley anti-SPAM?, ¿para cuándo la policía de delitos informáticos se va a poner las pilas para perseguir estos temas?, ¿para cuándo la comunidad internacional (no olvidemos que Internet es global) va a ponerse manos a la obra?, ¿a caso el tema del correo electrónico sigue siendo algo novedoso como para actuar?

Lo malo de todo ello es que existe una solución salomónica que, de no buscarse otras vías, se podría terminar aplicando (de hecho de ha planteado en diversas ocasiones): que enviar correos cueste dinero.

Esperemos que nuestras autoridades sean lo suficientemente competentes para que la vía de solución no pase por este tipo de propuestas.

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